Zeliam Santiago Cruz empezó con tutoriales de YouTube a los trece años. Practicaba con sus amigas, con su hermana, en actividades de escuela. Le encantaba, pero nunca imaginó que un día sería su carrera profesional. Años después, con certificación, siete años creando contenido y una base de clientas fieles, compartió en un webinar lo que nadie le explicó cuando empezó: la diferencia entre operar desde la emoción y operar desde la estructura.

Esto es lo que aprendió.

Mentalidad de hobby vs. mentalidad de negocio

Imagina este escenario: una clienta te escribe a las 11pm pidiendo un servicio para mañana. Urgente. Sin preguntar precio, sin dar detalles.

Si estás en mentalidad de hobby, tu primera reacción es la emoción: "¡Ay, tengo clienta mañana!" Cancelas lo que tengas, te mueves para acomodarla, dices que sí antes de saber si puedes.

Si estás en mentalidad de negocio, paras. Verificas disponibilidad. Envías precios. Explicas el proceso. Si tienes espacio, la atiendes. Si no, no. Y no pasa nada.

La diferencia no es ser fría: es proteger la estructura que tú misma construiste. La mentalidad de hobby opera desde la emoción. La mentalidad de negocio opera desde la estrategia.

Zeliam fue clara: el problema no es empezar desde el hobby. El problema es no darse cuenta de que se sigue operando así cuando ya se quiere escalar. Desde la conciencia es que puede evolucionar cualquier cosa.

La base: servicio, estilo e ideal cliente

Antes de hablar de precios o sistemas, Zeliam propone tres definiciones fundamentales.

1. Tu servicio principal. Puedes hacer todo tipo de maquillaje, novias, editorial, drag, body paint, pero para escalar necesitas enfocarte. Elige uno. Perfecciónalo. Que sea lo que te define.

2. Tu estilo. Natural, glamoroso, alternativo. Lo que tú dominas y lo que te hace diferente. Tu estilo es lo que convierte tu trabajo en una marca.

3. Tu cliente ideal, y esto es donde la mayoría falla. No son "todas las personas". Zeliam pone un ejemplo concreto: su clienta ideal vive en Dorado, Puerto Rico. Es una mujer empresaria que asiste a eventos corporativos constantemente. Casi no tiene tiempo. Valora la puntualidad, la conveniencia y el servicio personalizado.

Esa especificidad no es un capricho. Es estrategia. Cuando sabes exactamente quién es tu cliente ideal, sabes exactamente qué problemas resolver, y esos problemas justifican tu precio.

"Esa mujer empresaria casi ni tiempo tiene. Ir yo hasta donde ella, a domicilio, le resuelve el problema del tiempo. Eso es lo que yo le estoy cobrando."

El precio real de un maquillaje

Aquí es donde muchas maquillistas se pierden. Creen que el precio es: tiempo maquillando + productos. Pero la realidad incluye mucho más.

Zeliam desglosa los costos reales de un servicio a domicilio:

Total real por un solo servicio: $195. Si estabas cobrando $75 o $80 por un maquillaje, no estabas ganando, estabas regalando.

Zeliam fue directa: su servicio de maquillaje cuesta $115 sin viaje. De maquillaje y peinado, $190. El costo de viaje va aparte, desde $60 hasta $200 dependiendo del destino. Y sus clientas pagan sin regatear, porque entienden el valor de lo que reciben.

La percepción del precio lo cambia todo

Un precio no vive solo en la calculadora. Vive en la mente del cliente. Y según Zeliam, hay tres niveles:

Precio barato: el cliente lo ve como "la opción más económica". No como una experiencia. No como un profesional. Tú puedes hacer el mismo trabajo impecable, pero si el precio dice $60, la percepción lo iguala a un pulguero, así de simple.

Precio justo: aquí estás generando ganancias y el cliente te ve como profesional. Respeta tu tiempo porque percibe que hay valor detrás. Puedes reinvertir en educación, productos, sistemas.

Precio premium: ya no es un servicio. Es una experiencia. Paz mental, puntualidad, domicilio, servicio de alta calidad. El cliente no está pagando por maquillaje, está pagando por todo lo que tú construiste alrededor de ese maquillaje.

"El cliente que te busca solo por precio, así mismo se da, por precio. El que te busca por tu estructura, por tu puntualidad, por tu arte, ese se queda, aunque subas tus tarifas."

Y sobre subir precios: Zeliam los sube cada año. "Tus precios deben subir cuando aumenta tu experiencia, cuando aumenta tu inversión y cuando aumenta tu desgaste físico y mental. El problema no es cobrar más. El problema es que no haya nada que lo respalde."

Sistemas que transforman un hobby en un negocio

Una vez tienes claridad de cliente ideal, servicio y precio, la siguiente pregunta es: ¿cómo operas? Zeliam describe la evolución natural: de libreta física a sistemas digitales que trabajan por ti.

Los sistemas que hacen la diferencia:

Cuando estos procesos están en su lugar, el tiempo que antes se iba en coordinación se convierte en tiempo para atender más clientas, o para descansar. Los dos generan valor.

Cómo Zeliam usa Puny para automatizar su negocio

Zeliam menciona a Puny directamente como su herramienta de organización y procesos. En sus propias palabras:

"Puny me ayuda a que las clientas reserven y puedan ver cuáles son mis disponibilidades, y ellas mismas puedan sacar su cita. Me ayuda a mostrar mi portafolio, galería de fotos, links, todo lo que yo quiera, a lo que yo quiera dirigir a mis clientes. Y otra cosa importante: me ayuda con los procesos repetibles."

Los procesos repetibles son clave. Si tienes que escribir el mismo mensaje diez veces a distintas clientas, ese tiempo se acumula, y es tiempo que no estás cobrando. Puny centraliza el portafolio, los formularios, los links de reserva y la información del servicio en un solo lugar que la clienta puede visitar sola.

Zeliam también señala que plataformas como Puny son parte del costo operativo real del negocio, y por eso hay que incluirlas en el precio. No es un gasto extra: es parte de la infraestructura que justifica cobrar como profesional.


La frase que Zeliam repitió más a lo largo del webinar lo resume todo: "El talento te abre la puerta, pero la estructura es lo que te mantiene adentro."

Puedes maquillar mejor que nadie. Pero si no tienes política de depósito, si no conoces tu costo real por servicio, si dependes de la memoria para hacer seguimiento a tus clientas, sigues operando como hobby. Y un hobby no paga las cuentas.

La buena noticia: nada de esto requiere ser tech ni tener un MBA. Requiere decidir que quieres un negocio, y empezar a construirlo como tal.

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